La sala de espera de urgencias del Hospital Virgen del Rocío se sentía asfixiante a las dos de la mañana. El olor fuerte a antiséptico mezclado con el pánico en el aire creaba una atmósfera que le oprimía el pecho a Sofía. Sus manos seguían temblando de frío mientras sostenía el formulario de pago del hospital que acababa de imprimir el recepcionista. Las cifras en el papel no tenían sentido; exigían un pago por adelantado que su familia jamás podría cubrir en circunstancias normales.
Unos paso