Sofía se quedó paralizada. Su rostro se puso pálido otra vez. Se asomó por un hueco de la cortina de la ventana del salón. Un taxi se detuvo frente al portón de la casa... y una mujer de mediana edad con gafas de sol grandes y un sombrero de paja ancho salió de allí. Detrás de ella, otras dos mujeres la siguieron con grandes bolsas de la compra.
—Ya vienen —susurró Sofía, su voz como la de un fantasma—. Mamá, la tía Rosa y la tía Lucía. Este es el escuadrón de la muerte.
Diego se levantó, alisán