—Puedes irte, ya sabes bastante de defensa y… eres de las mejores guerreras que conocí. Te puse provisiones, herramientas y… armas. Podrás hacerlo y…
—¡Gracias! –comenté para tirarme a sus brazos y envolverlo con fuerza. Busqué sus labios y lo besé, no por gratitud, sino porque añoraba hacerlo. Él me apartó con cuidado y bajó la vista.
—Capitan, llegó el nuevo pelotón –comentó un soldado y el asintió.
—Voy enseguida –comentó y me observó –No lo hagas por…
—No lo hago por nada. Siento… la neces