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Me sentía furiosa. Zane, no me dejaba salir y en ese día había intentado todo para hacerlo. Las ventanas estaban selladas, y la puerta también. Frustrada, cuando abrió la puerta me subí encima y mis garras estaban sobre su cuello.
—¿Me matarás? –preguntó con una sonrisa ladina –adelante.
Lo solté furiosa y me senté en el suelo. Abracé mis piernas llorando y él me abrazó.
—Bien, iremos –comentó finalmente y lo observé con sorpesa –pero debemos ser muy discretos y… debes ocultarte.
—Bien, m