La luz pálida y fría del amanecer se filtra por las persianas de la habitación del hospital.
Liam despierta lentamente, sintiendo el cuerpo entumecido por la mala postura, pero con un peso cálido que lo ancla a la realidad de la forma más hermosa posible. Abre los ojos y baja la mirada. Abril sigue profundamente dormida, abrazada a su torso, con una pierna enredada con la suya y el rostro escondido en su pecho.
Y el corazón le da un vuelco salvaje y desbocado.
A pocos metros de distancia, Mía d