Las luces de cristal del Gran Salón Imperial deslumbran con una intensidad que a Abril le resulta casi ofensiva. El aire está saturado de perfumes carísimos, el tintineo constante de las copas y un murmullo de conversaciones que son aparente cordialidad. Es, tal como Liam lo advirtió, un nido de víboras de la más alta alcurnia.
Liam camina a su lado, con su mano apoyada firmemente en la pequeña de su espalda. El contacto, que debería ser reconfortante, se siente tenso, casi mecánico. Desde que