La primera noche de esas cuarenta y ocho horas se convierte en un infierno de insomnio para Liam Cavalli.
Encerrado en su despacho, con las mangas de la camisa arremangadas y una botella de whisky a medio terminar sobre el escritorio de cristal, intenta concentrarse en la fusión de dos empresas navieras. Pero las letras bailan ante sus ojos y los números no cuadran en su cabeza.
Cada vez que el silencio domina el departamento, el llanto lejano de la bebé lo paraliza. Escucha los pasos rápidos d