Ocho

Lana miró al hombre, completamente asombrada, fingió no haberlo escuchado.

—Vamos mujer, no me haga repetir la pregunta, sé que me escuchó.

—Solo usted puede estar tan ciego para no darse cuenta —balbuceó Lana.

—¿Qué ha dicho? —inquirió el hombre ya cabreado.

—Lo siento, señor, no sé quién es el padre de la pequeña, creo que la madre, la señorita Violet puede responder a su pregunta.

—Muy bien, reciba a la niña, por favor…

Lana extendió los brazos, Salomé se negó, Ignacio la dejó en brazos de Lana y sin importar que esta se hubiera quedado llorando, salió con una molestia que no se explicaba de su oficina.

—Señor Ignacio, quería mostrarl…

—Ahora no Liana.

Ignacio sacudió su mano para indicarle a la mujer que lo seguía, que no era un buen momento.

—Jefe, pero…

—Dije que ahora no Liana, ¿acaso está usted sorda?

La mujer negó con la cabeza y se quedó atrás, Ignacio había llegado al estudio fotográfico.

—¿Dónde está la modelo?

—¿Cuál señor?

Ignacio miró al hombre fulminante.

—Disculpe, la
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