—¿Tú me elegiste verdad? Supongo que eres mi karma, mira cuántas reglas me tienes violando.
Salomé sonrió y cogió la corbata.
Ignacio se sentó, sentó a la pequeña en el escritorio y como si solo estuvieran ellos dos, le dedicó toda su atención, la miraba y no comprendía lo aferrada que estaba ella a él.
Sintió ternura, ella le extendió los brazos, la acercó y ella buscó acomodarse.
—Tiene sueño —dijo Violet, acercándose.
Intentó cogerla, lo único que obtuvo fue una sonrisa esquiva de Salomé.
—E