Cuarenta y seis

—¿Qué ha dicho? —preguntó él doblando la sábana.

—Nada, que Violet y Salomé, parecen aún estar dormidas, yo debo salir, le avisa por favor.

Ignacio asintió y entró a la habitación, donde las encontró aún dormidas, la lluvia aún no se había ido, pero no era fuerte, se acercó y observó a Salomé, tocó su nariz, se alejó para recoger su móvil y se quedó observando a Violet, dormida.

«Es realmente atractiva, mucho» pensó para sus adentros.

Recogió su camisa y pretendía irse, al salir y abrir la puer
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