No respondí y terminé de beber mi té. Después guardé mis cosas con tranquilidad, fingiendo que su pregunta no había conseguido tocar algo dentro de mí.
—Estoy seguro de que antes jamás habrías entregado a tu propia familia, ni siquiera a cambio de todo el oro del mundo —continuó—. La primera vez que te pedí ayuda para enfrentar a tu padre, me dijiste que nunca lo traicionarías.
Cerré mi bolso y mantuve la mirada sobre la mesa. Manuel no estaba equivocado, pues durante años rechacé cada uno de s