56. Un hombre enfermo... y enamorado
Esa mañana se había sentido increíblemente fatigado, como si no hubiese dormido en lo absoluto, le dolía la cabeza y tenía los músculos más tensos que de costumbre; sin embargo, no prestó atención a ninguno de los síntomas, al menos no hasta que su ninfa lo recibió otra vez en el jardín, colgándose de su cuello y besándola con una devoción por demás increíble, justo como a él le gustaba.
— Dios, no tienes idea de cómo echaba de menos esto — musitó contra su boca, saboreándola sin prisas.
Ella s