36. Te deseo a cada segundo
Para los días siguientes, las chispas revoloteaban sin que alguno de los dos pudiese ser capaz de ocultarlo; Dios, eran tan evidentes, así que mientras ellos permanecían en esa bruma erótica a la que se sumergían, ajenos al resto, en la casa grande todos comenzaban a darse cuenta.
La semana siguiente se vieron casi a diario, incluso una vez al día no era suficiente. Se necesitaban a cada segundo, a cada instante, cada vez que se tocaban la carga eléctrica aumentaba y terminaban arrinconados en