35. Bañera, café y la ventana del amor
Obedeció.
Esperó en las caballerizas a Leandro y el buen hombre llegó a su busca con mirada de asombro cuando la vio hablar con ese terco caballo que no permitía que nadie se le acercara ni mucho menos lo tocara.
No pudo evitar sonreír al verla, realmente esperaba que el animal le respondiera.
— Señorita — llamó su atención de forma cauta, amable. La pelirroja alzó la vista y respingó, casi había olvidado que lo estaba esperando a él allí — Espero Serón haya sido una buena compañía para usted.