33. Chispas de deseo
Ese delicioso aroma llegó a su nariz cuando alzó la vista. No la había podido sacar de su cabeza ni un solo segundo, tal parecía que evocarla había surtido bastante efecto.
La pelirroja sintió esa mirada abrasadora sobre sí; se giró automática.
— Buenos días — musitó él, acababa de llegar de las caballerizas. Esa mañana había despertado bien temprano, más de lo que acostumbraba.
— Buenos días — respondió ella, siendo jodidamente bella.
Después del encuentro que tuvieron la noche anterior, las c