14. Quería la boca de esa ninfa roja e iba a tomarla
Compartir la misma habitación, o peor aún, la misma cama, jamás habría estado dentro de los planes de ninguno de los dos; pero, dadas las circunstancias, no les quedó más remedio que aceptarlo.
— Bien, la tomaremos — aceptó el brasileño al tiempo que a la niñera de su hija se le pintaba la naricita de rojo escarlata, ni que decir de las mejillas, parecía una caldera humada.
Cristopher sonrió en su interior, bendito dios… ¿Sería posible no reaccionar a gestos tan tímidos e inocentes como esos?
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