De todos los bares de la ciudad, que Zack apareciera justo allí la sorprendió sólo un poco. Supuso que el juego del amo se pondría intenso.
—Sheily, tu... Tu falda. La tienes un poco subida.
—Oh, qué torpe soy. Debió ocurrir cuando fui al baño —se acomodó la prenda enganchada en sus bragas, que le dejaba a vista media nalga tal y como había ordenado su amo.
Su exhibicionismo ya estaba declarado y no había vuelta atrás. Era exclusiva responsabilidad de su amo y le encantaba. Volvía a sentirse