Los músculos de Sheily, agarrotados por mantener la misma postura tanto tiempo, necesitaban un descanso. Diez minutos. Con diez minutos tendría suficiente para seguir complaciendo a su amo.
Él la cogió en brazos y la llevó al sillón de la sala. Desechó el preservativo que tenía y lo reemplazó por otro. Sheily tragó saliva. Lo vio irse a la cocina y regresar con un vaso con agua para ella. Bebió como si fuera el más exquisito vino.
Acostada sobre el sillón, volvió a recibir al amo entre sus pie