Sheily recibió el masaje mañanero de Zack a las cinco de la madrugada y volvió a dormirse. Despertó a las siete y él no estaba en la cama. Lo encontró siguiendo el aroma dulzón que llenaba el lugar. En la cocina, él lavaba los trastes que había usado.
—Espero que te gusten los waffles. Tienes wafflera, así que supongo que sí —dijo con una radiante sonrisa.
Sheily se halló pensando que difícilmente alguien pudiera decirle que no a esa sonrisa.
—Me encantan. Y mi mandil te queda bien, aunque alg