Sheily Bloom había sido la «diosa» de la secundaria, la más bella, la más popular, la más deseada; la inalcanzable. Era conocida por otras cosas también, pero ya no importaban.
Ya de adulta, había agregado otros calificativos a la lista. Implacable era el que más le gustaba, indomable también; nadie se atrevía a decirle a la cara los otros.
—El informe está mal, hazlo de nuevo —sentenció Sheily, lanzando la carpeta.
Liliana la atrapó con habilidad y fue a su escritorio resignada a redacta