Sheily y Monroe intercambiaron un escueto saludo y la observó irse por el pasillo enfundada en su impecable delantal blanco. ¿Por qué seguía usándolo incluso fuera de los laboratorios? De seguro la hacía sentirse más importante.
Entró seguida de Zack y observó el sillón. Estaba ordenado, como si nadie se hubiera revolcado encima. Tampoco había olores raros en el ambiente y Zack lucía impecable, hasta bien peinado estaba.
—¿Qué hacía Monroe aquí? ¿Vas a despedirla?
—¿Por qué haría eso? Vino a