Mundo ficciónIniciar sesiónEl amanecer encontró a Nick todavía despierto, sentado en su oficina del penthouse con una taza de café frío olvidada en la mesa y los ojos fijos en la pantalla de su computadora. Isabella había enviado todo lo que había descubierto sobre Paolo Moretti durante las últimas seis horas: registros de nacimiento italianos, documentos de inmigración argentinos, fotografías antiguas que mostraban a dos hermanos jóvenes con sonrisas que no alcanzaban sus ojos.
—Setenta y ocho años. —Nick murmuró para sí mismo—. Viviendo en Buenos Aires desde mil novecientos sesenta y dos. Todo este tiempo, a solo un vuelo de distancia, y nunca supimos que existía.
—Porque Alessandro no quiso que supiéramos. —Alberto entró con su propia taza de café, luciendo igual de exhausto—. Encontré







