Me dejé caer en la silla más cercana, saqué de mi bolso el libro que había tomado a las apuradas, Virginia Woolf era la que había ganado, así que comencé a leer, con el celular al pendiente por si algo sucedía.
Un poco más de hora y media mi tranquilidad y un cuarto de libro después terminaron.
—¿Así que estás leyendo?
Solté un ligero suspiro.
—¿Qué otra cosa puedo hacer para evitarte?
Adam soltó una especie de carcajada.
—Al final terminé aquí—murmuró—¿Qué sucedió?
Continúe viendo mi libro.
—T