La ciudad desde la ventana parecía otra. Más quieta. Más amable. Con las luces como estrellas artificiales y el rumor del tráfico como un murmullo lejano. Cerré la puerta del apartamento con cuidado, como si no quisiera romper la calma que habitaba allí.
—¿Vincent? —llamé, dejando mis llaves en la bandeja de la entrada.
No respondió enseguida. Pero lo escuché. El sonido de su camisa deslizándose sobre la piel, el leve golpe del vaso al dejarlo sobre la barra de la cocina. Me acerqué.
Estaba des