No sé en qué momento terminé contra la pared, con Vincent besándome como si quisiera devorarme entera.
Su lengua exploraba mi boca con una intensidad que me hacía arder, sus manos dibujaban caminos en mi espalda, y mi ropa de alguna manera empezó a desaparecer en el proceso.
—¿Sabes qué es lo mejor de todo esto? —susurró contra mi cuello.
Traté de recordar cómo funcionaban las palabras, pero su boca en mi piel estaba saboteando mi capacidad de pensar.
—¿Q-qué?
—Que sigues pensando que tienes el