C73. La ejecución silenciosa.
Giovanni Ferrari
El aire acondicionado de la oficina principal del Grupo Ferrari cortaba como una cuchilla. No había rastros de la furia de la noche anterior en el club, solo una calma técnica y letal.
Me senté tras mi escritorio de caoba, mirando la ciudad de Palermo a través del cristal reforzado. En mi pantalla, los gráficos de las empresas de Curvello caían en picado, una danza de números rojos que me devolvía la paz.
La puerta se abrió sin previo aviso. Gero entró con una carpeta de cuero