C51. No lo hice por usted.
Alicia Estrada
Crucé el umbral del edificio del Grupo Ferrari a las ocho en punto. Llevaba mi mejor traje, los zapatos limpios y el corazón golpeándome las costillas como un pájaro enjaulado.
Había dejado a Anabella con Mara, prometiéndole que mamá traería una sorpresa al volver. El edificio de cristal se alzaba sobre Palermo como un monumento a la frialdad. Al entrar, el aire acondicionado me golpeó como un bofetón de invierno en pleno agosto siciliano.
El piso de Presidencia estaba en silenc