C38. El último refugio del pecado.
Giovanni Ferrari
Los días que siguieron al cumpleaños de Sebastián se convirtieron en un desierto de hielo dentro de la villa. El sol de Amalfi seguía brillando con una insolencia insoportable, pero dentro de los muros de cristal, el aire se había vuelto irrespirable.
No volví a gritar. No volví a acorralarla. Simplemente, me convertí en una sombra que habitaba su misma casa, pero que se negaba a reconocer su existencia.
Me instalé en el despacho. Dormía en el sofá de cuero, rodeado de informe