C36. El veredicto del silencio.
Giovanni Ferrari
El aire festivo de la terraza se me antojó de pronto una farsa insoportable. Las risas de mis socios, el tintineo de las copas de cristal y el olor dulce del pastel de cumpleaños me golpeaban como insultos.
No necesitaba ser médico para entender que el cuerpo de Francesca me estaba gritando una verdad que su boca se empeñaba en ocultar. La vi tambalearse junto a la mesa de los regalos, sosteniéndose del borde de madera con unos nudillos que habían perdido todo rastro de sangre