Capítulo 47. Desvanecimiento.
—¡Lidia, vuelve aquí! —gritó Alexander, dando dos zancadas largas detrás de ella.
—¡No me sigas si no quieres que te meta una bala! —le advirtió ella sin detener el paso, cruzando el umbral de seguridad que daba hacia los jardines traseros de la propiedad.
A dos metros de la mesa de acero, Mariana observaba la retirada de su hermana.
Intentó dar un paso para seguirla. Movió su pierna izquierda con firmeza, pero al intentar apoyar el peso en su pierna derecha, el dolor de los clavos de titanio e