Capítulo 21. La ley del hielo.
Los días siguientes fueron una guerra silenciosa.
Liam no volvió a gritar. Hizo algo peor: desapareció.
El miércoles, Olivia y Claritza cenaron solas en la cocina inmensa del ático. El asiento de Liam en la cabecera estaba vacío.
—¿No va a venir? —preguntó Claritza, pinchando su ensalada—. Lucas me dijo que salieron de la oficina a las seis.
Olivia miró la silla vacía. Sintió un pinchazo de culpa.
—Tiene mucho trabajo —mintió.
Aunque sabía la verdad. Liam estaba durmiendo en la oficina, o en