Mundo ficciónIniciar sesiónEl salón principal olía a cera de velas y tensión acumulada cuando Vivienne Delacroix cruzó el umbral como si la mansión todavía le perteneciera. Su presencia transformó el espacio—ese lugar que Clara había convertido en refugio—en territorio disputado.
No había llamado. No había avisado. Simplemente apareció a las diez de la mañana con un maletín de cuero italiano y una expresi&oacut







