Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl reloj en la pared marcaba las 3:47 de la madrugada cuando el teléfono de la mansión estalló en un coro de timbres simultáneos.
Me levanté de la cama antes de que el segundo timbre sonara, con el corazón ya acelerado por un instinto que había aprendido a no ignorar. Las buenas noticias nunca llegaban a esta hora. Las malas noticias, en cambio, parecían tener predilección por la oscuridad previa al amanecer.
Edward







