Después de largas horas de pelear con el rey Ares sobre si debía irse o quedarse, cuando Helena finalmente se dio cuenta de que hablaba en serio acerca de no dejar su pupilo, se quedó dormida y el rey Ares se quedó con ella toda la noche y la observó dormir.
No pudo dormir esa noche y a la mañana siguiente estaba de mal humor y sentía sus ojos como si le hubieran vertido una bolsa de grava. Necesitaba descansar un poco, pero primero debía ocuparse de algo.
Mirar a Helena dormida le había hecho r