—Esto no es un sacrificio humilde. Esto es un asesinato —gruño Soraya forcejando.
—Que se cumpla la hazaña —ordena el hombre a voz en cuello, ignorando por completo a Soraya, y los gritos de la gente que está a su alrededor se intensificaron.
Todo el cuerpo de Soraya entró en un frenesí cuando el hombre con la daga se acerco a ella. Pudo ver a la parca parada justo frente a ella, lista para tomar su alma. Los hombres musculosos presionan su cabeza contra el suelo mientras el hombre se acercaba.