—Tengo que irme por la mañana mis guerreros están esperando mis siguientes intrusiones —dijo esas terribles palabras que detuvieron su corazón antes de que empezara a latir a un ritmo más rápido.
Ella inmediatamente lo miró a la cara con esos grandes ojos que ahora estaban llenos de tristeza.
—¿Cuándo regresaran aquí? —preguntó suavemente, esperando que fuera pronto. Pero su corazón se partió al escuchar sus palabras.
—No lo sé, bebé. Podría llevarnos unos días movilizar todo el ejercito hacia