—Lo siento. —La pequeña voz de Soraya llego entre sollozos
—No tienes por qué estarlo. —alfa Ace murmuró y le acaricia la espalda con el brazo—. Pero ¿qué pasó?
Soraya alza un poco la cabeza de su hombro y solloza.
—No están seguros de poder curarme.
Alfa Ace siente como si le hubieran echado un balde de agua fría sobre la cabeza.
—¿Por qué?
—La magia que usaron provenía de cadáveres —murmura, y le aprieta los brazos. Él se estremece—. Y se llama magia de muerte. Una Cámara de la Desesperación