Capítulo 40:
*ALESSIA*
La luz se apagó despacio, no como una llama que se apaga, sino como algo consciente decidiendo retirarse, y cuando se fue la habitación se sintió más vacía que antes, como si el aire mismo hubiera sido vaciado y dejara tras de sí una presión que oprimía mis tímpanos y la base del cráneo. El frío que se me había instalado en los huesos no se fue con ella; se quedó ahí, profundo, quieto y paciente, y cuando flexioné la mano vi que la marca ya no estaba quieta: las líneas