JUGANDO CON EL GIGANTE.
VICTORIA.
El sonido de la puerta principal cerrándose me hace dar un respingo, y un segundo después, la figura imponente de Maximiliano aparece en el umbral de la alcoba. Se ha quitado la chaqueta y tiene los primeros botones de la camisa desabrochados, pero su sola presencia sigue drenando el aire de la habitación. Sus ojos oscuros barren la escena: las maletas abiertas, mi hermana sentada en el borde de la cama y Enzo saltando sobre el colchón.
—¿Interrumpo algo? —pregunta con esa voz profund