UNA BUENA DEFENSA.
VICTORIA.
El pánico me sube por la garganta como ácido. Empujo a Maximiliano y Él apenas se tambalea, retrocediendo con una calma que me enfurece; ni siquiera se inmuta, solo me observa con una sonrisa ladeada, disfrutando del desastre que acaba de provocar.
—¿Interrumpo algo?
Esa voz. No es Adel. Es Henry, el director de Gestión Humana. Un tipo que se cree con derecho a todo por el simple hecho de llevar trajes caros y tener un puesto de mando. Siempre ha buscado la oportunidad de acorralarme