UN MATRIMONIO DE VERDAD.
MAXIMILIANO.
Me quedo estático en medio de la sala. Sus palabras me golpean directo en el pecho, con la fuerza de un tren descarrilado. No me muevo. Victoria me mira desde el sillón con esa maldita seguridad que me desarma y me enciende a partes iguales.
No fuiste el primero en echarle el ojo al otro, señor Markov.
La recuerdo perfectamente el día que entró a mi oficina para la entrevista. Vestía un traje sastre impecable, el cabello recogido y una seriedad que a cualquier otro imbécil habría i