VICTORIA.
El regreso de Valentina y Maximiliano de la cafetería no me trae paz. Al contrario, el ambiente se vuelve más espeso. Veo a un par de enfermeros acercarse a mi hermana y, sin que nadie me dé una explicación clara, se la llevan hacia el área de laboratorios para realizarle una serie de exámenes urgentes.
No comprendo nada. Valentina camina con la cabeza baja, sin mirarme, dejándose guiar como un cordero al matadero. En mi interior, una alarma silenciosa empieza a encenderse; algo se es