MAX
El detective se me quedó mirando fijamente, asimilando la verdad sobre las deudas de Adel y la subasta de Victoria, mientras yo mantenía la respiración controlada. Justo cuando el policía abría la boca para presionar por más nombres, la pesada puerta de metal de la sala se abrió de golpe.
Mi abogado entró con el maletín en la mano y la arrogancia que le pagaba por tener.
—Mi cliente no va a decir una sola palabra más —sentenció el abogado, interponiéndose entre el detective y yo—. Este inte