MAXIMILIANO
El reloj de oro de mi mano marca las seis de la mañana. El silencio en este edificio de cristal es lo único que me permite pensar con claridad antes de que el caos del mundo exterior comience. Mi abogado, Dimitri, me espera en la sala de juntas del bufete de abogado para el que trabaja. No es un horario habitual, pero al parecer el tema que vamos a tocar es delicado y no quiero que nadie se entere que nos vemos, no por ahora..
Entro y Dimitri ya tiene los documentos extendidos sobre