VICTORIA
Salgo de la empresa casi corriendo. No puedo mirar a nadie. Me arden los labios, me pulsan; el sabor de su café y ese olor a su perfume caro se me quedaron pegados en la piel. Me siento asquerosa. Soy una mujer casada, se supone que amo a Adel, pero lo que pasó en ese sillón me ha dejado rota.
Llego a casa y me encierro. No voy a trabajar hoy, no puedo. Me meto a la ducha sin siquiera esperar a que el agua caliente. Necesito quitarme el rastro de sus manos de mi cuerpo. Me restriego la