Visión de Rodrigo
El reloj de la pared del despacho marcaba las 16:30, pero yo tenía la cabeza en otra parte. En otro tiempo. En otra vida.
La pila de contratos que tenía en la mesa esperaba unas firmas que no era capaz de estampar. Los correos se me acumulaban, los mensajes de Roberto no paraban de vibrar en el móvil y yo estaba allí, pasmado, mirando a la pared.
— ¿Rodrigo? — Roberto entró sin llamar, como de costumbre —. El doctor Vasconcelos está aquí. Ha dicho que habías quedado con él.
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