(Perspectiva de Rodrigo)
No aguantaba ni un segundo más conteniéndome. Mariana era un auténtico torbellino al que había aprendido a adorar, pero tenerla allí, radiante, sana y mirándome con ese fuego en sus ojos castaños, era la prueba de fuego para mi cordura.
La atraje hacia mí con un ansia que no intenté disimular. Nuestros labios se estamparon en un choque de pura necesidad. Mariana me correspondió con la misma fuerza, tirándome del pelo y pegando su cuerpo al mío como se intentara fundir n