Cap.
(Perspectiva de Rodrigo)
Me quedé mirando cómo la espalda de Mariana desaparecía por el pasillo, apoyada na enfermera, y el silencio que se formó en el porche fue tan sumamente pesado que casi se podía escuchar el hielo derretirse en nuestros vasos.
Respiré hondo, sintiendo el aire caliente de la tarde en los pulmones, y solté una risa tonta, sin poderme creer lo que acababa de pasar.
—Nos la ha jugado bien a los dos —murmuré, negando con la cabeza—. Acaba de salir de un quirófano e ya está dic