Cap.
Eliete se acercó con una bandeja que llevaba café humeante para los hombres y un zumo de naranja recién exprimido para Laura y para mí.
Se respiraba un buen rollo en el salón que jamás pensé que llegaría a sentir en esa casa.
Mientras daba un sorbo al zumo y escuchaba a Laura planear cómo iba a ser "nuestra" habitación en cuanto yo me pusiera buena, la cabeza me dio un giro de trescientos sesenta grados.
Cerré los ojos un segundo, intentando procesar la locura en la que se habían convertido los