Cap.
Sentí un escalofrío violento subiéndome por la espina dorsal, dejándome el corpo completamente frío.
— ¿Dónde habéis quedado? —pregunté, com mi voz saliendo en un susurro urgente.
Me dio la dirección. Era una calle muy transitada, mas llena de puntos ciegos entre los edificios antiguos del centro. Colgué sin despedirme. Mis dedos volaron hacia el contacto de Paulo. El chico de informática era mi última esperanza.
— ¡Paulo! ¡Despierta! Necesito que hagas una cosa ahora mismo.
— ¿Señor Rodrigo? ¿